domingo, 29 de noviembre de 2009

COFRADIA DE SAN VICENTE MARTIR

DE LA PROVINCIA DE ALICANTE

 

ASOCIACION DE AMIGOS DE LA VIA AUGUSTA

DE LA COMUNIDAD DE VALENCIA

  

DATOS SOBRE TEMAS VICENTINOS.

BVIA.- 1.1.002.- Siglo V – 1095

SIGLO V:

            Son importantes los martirologios para la fama y el culto a San Vicente, de los cuales una clase se reduce a una serie de nombres colocados en fechas determinadas con o sin rubrica topográfica, y otra, que contiene, además, relatos o detalles biográficos. En todos figura San Vicente Mártir en la recensión o familia que se indica a continuación.

             Entre los primeros destaca el famoso Jeronimiano, puesto bajo el nombre y autoridad de San Jerónimo (mediados del s. V) de cuya recensión galicana (finales del s. VI) derivan todos los manuscritos conocidos.

             Los segundos, llamados también históricos, por orden cronológico son de los siguientes autores o títulos:

 -Beda (+735): se funda en el Jeronimiano y otras fuentes; segunda familia;

            -Lyón (antes 806), deriva del anterior;

            -Floro de Lyón (840), sobre la base del anterior;

            -Adón de Vienne (860), sobre la base del anterior;

-Usuardo, monje de Saint-Germain-des-Prés, de París (865), inspirado en el anterior y otras fuentes;

-Sinaxario de Constantinopla (s. X-XI), el más importante de Oriente; de los santos españoles sólo menciona a San Vicente tres veces, y

            -Menologio de Metafrastes (s. X), que le dedica una larga noticia.

 405 +.

             Aurelio Prudencio, eximio vate, quien en su “Peristéfanon” le dedica 24 versos del himno IV y los 576 versos del V.

 431 +.

             En su dulce retiro de Nola, en la Campania italiana, el obispo San Paulino recordaba a Vicente, en sus celebrados himnos hagiográficos, entre los más privilegiados maestros en la palabra y en la fe que diera Occidente, representando a España.

 440-461.

             El Papa San León Magno, escribe un texto que parece estar rehecho en el siglo VII.

 527-548.

             Justiniano, primer obispo de Valencia de nombre conocido, fue abad del monasterio adjunto a la basílica sepulcral de San Vicente, por lo menos antes de su pontificado, cuyo comienzo se fija en el año 527 y acabó con su muerte, ocurrida probablemente en el 548.

 Siglo VI.

             San Justo de Urgel también escribe sobre San Vicente.

 Siglos VI y VII.

             Se tiene conocimiento de la fama y culto de San Vicente por los calendarios siendo un testimonio de valor indiscutible, pues como dice Delehaye, “en ellos se reconoce la tradición viva y autentica de la comunidad y ningún testimonio aventaja a ésta en valor y precisión”

             Siendo San Vicente el más celebre de todos los mártires hispanos antiguos, figuró, sin duda, en todos los calendarios locales de la España romana y visigoda, especialmente en los de Valencia y Zaragoza y en los de las catedrales como Sevilla y Córdoba, y en los de otras iglesias, que lo tenían por titular. Pero se ha de lamentar la perdida de casi todos ellos.

             De los epigráficos solo queda el fragmentario de Carmona ( s VI / VII), que incluye a San Vicente.

             El resto mínimo de otros calendarios, que nos han llegado en manuscritos litúrgicos generalmente, corresponden a épocas posteriores; y en ellos figura invariablemente la fiesta de San Vicente el 22 de enero. Así el llamado “calendario de Córdoba”, escrito por Arib-ben-Said, médico y secretario de Alhaken II, y ampliado, al parecer, con indicaciones de fiestas cristianas por el obispo de Elvira, Rabi-ben-Zaid (Recemundo), que en su redacción base puede remontarse al siglo IX. Del norte de la Península son los demás calendarios posteriores que se conocen.

             Contrasta con la penuria de calendarios hispánicos antiguos existentes el número de extranjeros conservados, en los que igualmente figura la fiesta de San Vicente el 22 de enero. Son los siguientes:

                         Filocaliano, de Roma.

                        Polemio Silvio, obispo de Octodurum (Martigny) (Suiza), (s. V)

                        Santa Catalina del Sinaí (s. VII en su redacción primitiva).

 601 +.

             Venancio Fortunato, obispo de Poitiers, tiene dos sermones africanos, equivocadamente atribuidos a San Agustín.

 651 +.

             San Braulio relata también a San Vicente en sus escritos.

 657 +.

             San Eugenio, metropolitano de Toledo, tiene un sermón “Cunctorum licet”, atribuido a San Leandro.

 Siglos VIII-XV.

 NOTAS DE LA HISTORIA DE ESPAÑA DIRIGIDA POR MANUEL TUÑON DE LARA.-TOMO III.-ESPAÑA MUSULMANA (SIGLOS VIII-XV). POR RACHEL ARIÉ.

             Yüsuf Ibn Täsfïn, volvió a desembarcar en España en la primavera de 1090 y decidió destruir a los emires considerados traidores a la causa del Islam. Conquistó Granada, Almería, Sevilla, Badajoz y Lisboa en 1094. Yüsuf anexionó pura y simplemente las posesiones de los reinos de taifas.

             Tan solo quedaba al este de la Península un pequeño reino independiente, creado en Valencia en 1094 por un noble castellano, Rodrigo Díaz de Vivar, quien primero al servicio de Alfonso VI y luego al de los dinastas hüdies de Zaragoza, había asolado por cuenta propia toda la región levantina, había impuesto un tributo a los pequeños señores musulmanes de Albarracín, Alpuente, Murviedro, Segorbe, Jérica y Almenara y había conseguido derrotar en la huerta valenciana a un ejercito almorávide llegado de Denia. Así, pues, Rodrigo Díaz de Vivar, a quien los soldados hüdies habían designado no hacia mucho con el lisonjero nombre de SIDI,"mi señor" (de donde procede el mío Cid español), el Campeador de la leyenda, se había convertido en dueño absoluto de Valencia, donde actuaba como un autentico soberano.

             El Cid se dedicó en los últimos años de su carrera, a engrandecer sus posesiones y a luchar, no sin cierto éxito, contra los almorávides, quienes iban preparando metódicamente su venganza. (pag. 31 y 32).

             A principios del siglo XII, la España musulmana se había convertido en una provincia almorávide. Los almorávides completaron su dominio sobre al-Andalus con la toma de Valencia, gobernada por Jimena, la viuda del Cid, en el año 1102, y con la cesión de Zaragoza por los hüdies en el año 1110. (pag.32).

             Dos soberanos de gran valor, Fernando III el Santo de Castilla y Jaime I de Aragón, organizaban la Reconquista. En el transcurso del verano del año 1225, las poblaciones musulmanas de Sevilla y Murcia fueron cruelmente diezmadas por las incursiones leonesas y castellanas, Jaime I el Conquistador, por su parte, iniciaba la conquista de Levante con el asedio a Peñiscola e imponía al gobernador almohade de Valencia la obligación de pagarle una quinta parte del producto del impuesto como de tributo. (pag. 35).

             En la baja Edad Media y a medida que la Reconquista avanzaba, el oficio de muhtasib subsistió en las ciudades medievales españolas con el nombre de almotacén o almostaçaf. Las tareas y prerrogativas de este funcionario municipal eran semejantes a los del magistrado hispanomusulmán. Además, sus atribuciones cernían tanto a la vida religiosa como al poder secular. En la vida urbana de Valencia del siglo XIII al XV, eran de su incumbencia la inspección de los gremios y el control de los productos alimenticios, así como la higiene pública y la supervisión de la construcción de las murallas. Tras la entrada de las tropas aragonesas de Jaime I el Conquistador en esta metrópoli levantina, siguió viviendo allí una comunidad musulmana importante tanto por su actividad económica como por el numero de su población que constituyó un fuerte núcleo urbano; en ella el mustaçaf se ocupó de promulgar el respeto de las fiestas religiosas; el viernes para los musulmanes y el domingo para los cristianos. Al igual que los tratados andaluces en que se revive el bullicio de la vida de las ciudades musulmanas, los LLIBRES DEL MUSTAÇAF valencianos nos presentan el mundo comercial y artesano de la Valencia medieval. La reglamentación del edil urbano valenciano se extendió posteriormente a las principales ciudades dependientes de la Corona de Aragón, o sea Barcelona (1339), Gerona (1351), Lérida y Perpiñan. La intervención del magistrado municipal en la vida cotidiana de Mallorca se remonta a los primeros años del siglo XIV; en 1343, Pedro el Ceremonioso dio a esta institución su forma definitiva. (pag. 106).

             Los esfuerzos del Conquistador por establecer colonos cristianos en territorios reconquistados, fracasaron.

             El reino de Valencia que comprendía las actuales provincias de Valencia, Castellón y parte de la de Alicante, representaba una fuente de riqueza para el Estado Aragonés, deseoso de alcanzar la preponderancia marítima del Mediterráneo occidental. En las ciudades, los mudéjares eran hábiles artesanos: albañiles, ceramistas, herreros, tintoreros o tejedores. Los cultivadores musulmanes habían explotado las ricas huertas de la region valenciana durante generaciones. Después de la capitulación de sus jefes, los musulmanes fueron, por tanto, invitados a volver a las ciudades y campos que habían abandonado. Las órdenes militares apoyaron la política real, a pesar de las reprimendas de la Iglesia. Después de la rendición de Chivert en 1234, los Templarios alentaron a los pequeños propietarios agrícolas musulmanes a volver al reino de Valencia en el plazo de un año para recuperar sus casas y tierras. La Corona de Aragón ofreció condiciones igualmente ventajosas a los musulmanes de Eslida que capitularon en 1242. Seis años mas tarde, los Hospitalarios asentaron a unas cien familias musulmanas en la laguna de la Albufera, no lejos de Valencia, para que sirvieran de tripulaciones en los treinta barcos pesqueros de su propiedad. (pag. 180).

             En Aragón, los mudéjares ejercían mas o menos los mismos oficios; en las ciudades, fabricaban espadas y muebles. Tenían gran fama la cerámica y los tejidos salidos de sus talleres. La producción agrícola del reino dependía en gran medida de los mudéjares, hábiles hortelanos.(pag. 182).

             En la época musulmana, la judería de Valencia se encontraba en pleno corazón de la ciudad, en el lugar donde se edificó la Iglesia de Santa Catalina. (pag. 201).

             En el litoral de Levante, la agricultura de regadío muestra un rasgo definitivo del paisaje humano. Los árabes perfeccionaron la red de canales de toma fluvial que se remontaba a la época de los romanos. La explotación del suelo y la terminología rural ligada a la huerta valenciana o murciana y a los trabajos que en ellos se hacían proceden del periodo de ocupación musulmana. El agua bienhechora se repartía según una legislación tradicional que limita los derechos de los beneficiarios. El Tribunal de las Aguas que se reúne todos los jueves frente a la puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia está compuesto de siete campesinos elegidos por sus pares. Zanja los conflictos que puedan surgir en cuanto a la distribución del agua. Se trata del lejano heredero de una institución hispanomusulmana, la inspección de los riegos (wikälat al-sëqiya) que ya funcionaba en la España califal y en la de las taifas, y que Jaime I el Conquistador mantuvo intacta tras su entrada en Valencia. (pag. 226).

            Cabe suponer que los soberanos cristianos mantuvieron la estructura profesional musulmana. En la Valencia reconquistada por Jaime I, los Aragoneses se instalaron en las mismas tiendas ocupadas previamente por artesanos árabes. En los repartos ordenados por el monarca, aparecen citadas las calles de los Panaderos, de los Herreros, de los Zapateros, de los Peleteros, cuyo recuerdo ha quedado plasmado en la toponimia actual de Valencia. (pag. 247-248).

             En Valencia, poco antes de la conquista de la ciudad por Jaime I, el cementerio real se hallaba ubicado cerca de la gran mezquita.

             En mayo de 1348, la peste se declaró en Barcelona y Valencia, ciudades en las que provocó una grave mortalidad; aparece citada en Mallorca el 20 de mayo e hizo su aparición en Almería a principios de junio de 1348, donde alcanzó gran virulencia, sobre todo en septiembre de 1348, prolongándose hasta el invierno de 1349. (pag. 306).

             El avance cristiano por levante produjo una nueva oleada de emigración andaluza. Los soberanos hafsíes de Túnez acogieron en su corte a varios letrados hispanomusulmanes. El poeta, antólogo y tradicionalista valenciano Ibn al-Abbär, enviado en misión a Túnez para solicitar ayuda, recitó a la corte un poema en el que describía de forma conmovedora la situación de su ciudad natal, asediada por las tropas de Jaime I de Aragón. De regreso a Valencia, volvió a marcharse algunos días después de la caída de la plaza, en el año 1238, se detuvo en Bugia y finalmente se estableció de forma definitiva en Túnez. (pag. 401)

             El primer omeya de España coronó su obra política con una fundación religiosa, la mezquita de Córdoba, construida entre el año 168/784 y el 170/786, es decir, tres cuartos de siglo ( 75 años) después de la conquista de la península Ibérica por los contingentes arábigo-beréberes.

             Edificada desde un principio junto a la antigua calzada romana que subía del puente, en la actualidad la Mezquita Mayor de Córdoba alberga, en el interior de su inmensa sala de oraciones, la catedral de la ciudad reconquistada por Fernando III en 1238. Algunos meses después de la entrada victoriosa del Rey Santo en Córdoba, la mezquita fue consagrada y devuelta al culto católico bajo la advocación de la Asunción de la Virgen  con el nombre de Santa María la Mayor. En nuestros días, la mezquita mayor de Córdoba tiene forma de un cuadrilátero de unos 180 metros de largo por 130 de ancho y esta rodeada de un recinto amurallado en el que destacan unas puestas monumentales, casi todas ellas tapiadas desde el siglo XIII para servir de fondo a las capillas laterales.

             Aún no se ha logrado esclarecer la historia de la mezquita primitiva. E. Lévi-Provençal, basándose en cronistas árabes, opinaba que la mezquita había sustituido a la iglesia de San Vicente, que los musulmanes habían compartido en un principio con los cristianos mozárabes de Córdoba. El arqueólogo Henri Terrasse objetaba que las excavaciones llevadas a cabo en el edificio invalidaban esta afirmación y que no aparecía en la mezquita influencia alguna procedente de un santuario cristiano. (pag. 425 ).

25 de julio de 813.

             TEODOMIRO, obispo de Iría, descubrió el sepulcro del Apóstol Santiago en el monte Libredón, y marcó el punto de partida hacia una etapa de esplendor que alcanzó su época culminante en el siglo XII.

 Siglo IX.

             A fin del siglo IX gentes extrañas comenzaron a pasar por tierras de San Juan de Ortega. Les requería una voz del extremo de Occidente, de Finisterre, frente a la Mar Océana. Preguntaban por Compostela, donde yacía el Apóstol Santiago. Procedían de toda Europa aunque aquí todo les llamaban “francos”, que en esto de razas nunca ha distinguido mucho el castellano. Venían tantos que pronto, ya en el siglo X, desbordaron la rudimentaria estructura de servicios que se les podía ofrecer. Don Sancho, el conde que llaman de los buenos Fueros (995-1017) otorgó uno a favor de los peregrinos que cruzaran su condado.

             La conciencia cristiana y social ante el peregrino por antonomasia, el de Santiago (“palmero” se decía el que viajaba a Jerusalén y “romero” el que lo hacia a Roma), movió a algunos hombres a resolver lo que podríamos llamar logística de la peregrinación.

 950.

             Llega a Santiago el obispo francés GODESCALCO de Puy, siendo el primer peregrino de cuya visita al sepulcro hay constancia histórica. El Camino ya es una realidad en constante auge durante sus dos primeros siglos de consolidación durante los cuales se fijan una serie de rutas, unas con mayor éxito que las otras. Privilegios reales, asentamientos de la Orden de Cluny, crea una infraestructura asistencial a lo largo de la Ruta Jacobea.

 1072 +.

             San Pedro Damián realiza trabajos sobre San Vicente.

 1080.

             Nace San Juan de Ortega en Quintanaortuño, 2 de junio.

1095.

            Concilio de Clermont, presidido por Urbano II, promovió peregrinaciones y cruzadas a los Santos Lugares.

             La importancia de las reliquias hizo que se creara un tipo de templo denominado “IGLESIAS DE PEREGRINACION”, caracterizadas por el deambulatorio que permite circular por detrás del altar mayor para venerar las reliquias allí depositadas.

Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega se encontraron en Burgos el año 1095, teniendo Domingo 75 años y Juan 15, precisamente cuando el Cid ahuyentaba de Valencia a los almorávides.


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Publicado por Desconocido @ 16:42  | VIA-1.1.-SUCESOS
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